martes, 22 de noviembre de 2016

"Marianela", Benito Pérez Galdós


“Marianela”, es una novela de Benito Pérez Galdós publicada en 1878 y que pertenece al movimiento literario denominado Realismo español. Forma parte de un grupo de libros llamados “Novelas de la primera época” que son en su mayoría novelas de tesis en donde se plantean enfrentamientos ideológicos entre los liberales y los conservadores de la época.

Marianela, también conocida como Nela, es la hija adoptiva de la familia de Centeno, capataz de las minas del pueblo. Marianela es tratada como una  criada por nueva familia. Era huérfana, fea y pobre pero muy bondadosa. Suele hacer de lazarillo de un joven ciego llamado Pablo. Pablo pertenece a una familia rica, los Penánguilas, que hicieron fortuna gracias al trabajo y a las herencias recibidas de sus antepasados.

Entre Pablo y Marianela hay una gran amistad y confianza. Se entienden de maravilla y se compenetran perfectamente. Tanto es el cariño que siente uno por el otro que un día Pablo la propone que se case con él.

La pareja disfruta felizmente de su amistad hasta que dos personas que llegan al pueblo provocan un cambio radical en sus vidas. Una de ellas es el cirujano oftalmólogo Teodoro Golfín. La otra, es la prima de Pablo, Florentina, una encantadora y bellísima muchacha. Los padres de estos jóvenes deciden que si el Doctor Golfín opera a Pablo y éste recupera la vista,  Pablo y Florentina podrán unirse en matrimonio.

Tras la operación, Pablo recupera la vista y en Marianela aparecen sentimientos enfrentados. Es feliz puesto que Pablo ya puede ver y esta triste porque no quiere que Pablo descubra su fealdad. Por ello Marianela decide marcharse del pueblo para ir muriendo poco a poco de amor. Por otro lado, cuando Pablo ve a su prima Florentina, se enamora profundamente de ella y de su belleza. Al poco tiempo deciden casarse tal y como habían acordado sus padres.

La triste y desgraciada Marianela regresa al pueblo moribunda. Allí se reencuentra con Pablo. Éste la ve y Marianela muere.


Javier Sánchez Martinez ESO 4ºC

martes, 15 de noviembre de 2016

Guión de la Representación de Don Juan Tenorio 4C

DON JUAN: 
¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

DOÑA INÉS:
Callad, por Dios, ¡oh, don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
se arde mi corazón.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan! ¡Don Juan!, yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame porque te adoro.

Subido por Martín Iglesias.


Sintaxis


Aquí dejo un enlace para que podáis repasar oraciones simples. Están corregidas, así podréis corregir vuestros errores. Si tenéis alguna duda, me podéis preguntar en clase.

Sintaxis

En este segundo enlace aparecen diferentes ejercicios para identificar las funciones de los sintagmas destacados.

Sintaxis II

sábado, 5 de noviembre de 2016

miércoles, 26 de octubre de 2016

Don Álvaro o la fuerza del sino

Don Álvaro, joven de origen desconocido, lleno de virtudes, valiente y rico, llega a Sevilla y se enamora de Leonor, hija del soberbio marqués de Calatrava quien se opone al matrimonio, por lo cual don Álvaro convence a su amada para huir y casarse con él.

La misma noche en que se disponen a consumar sus planes, los enamorados son sorprendidos por el marqués. Don Álvaro rinde su pistola en señal de sumisión y acatamiento, pero el arma se dispara accidentalmente. El marqués cae herido y muere maldiciendo a su hija.
Los jóvenes huyen, pero en el camino los criados de ambos bandos se traban en combate. Don Álvaro es herido gravemente y pierde el sentido, pero un sirviente suyo, lo salva y lleva a lugar seguro.
El joven, creyendo muerta a Leonor en la refriega, desesperado y buscando la muerte, se enlista con nombre falso en las filas que combaten en Italia. Aquí, en un pleito entre tahúres, salva a don Carlos, hermano de Leonor, quien también pelea con nombre supuesto. Poco después, éste salva la vida a don Álvaro, que ha sido herido en el campo de batalla. Cuando más tarde ambos se identifican y reconocen, se desafían a duelo y don Álvaro mata a don Carlos.
Leonor, mientras tanto, luego de aquella terrible noche, permanece oculta durante un año en casa de una tía. Más tarde, huye vestida de hombre y hace vida de ermitaña penitente en un desierto, al amparo de un convento de frailes.

Han pasado ya cuatro años. Don Álvaro, huyendo de Italia y en acto de contrición por tantas muertes involuntarias que ha causado, retorna a España y renuncia al mundo con el deseo de acabar sus días consagrado a la vida monástica en el convento de frailes donde se asila Leonor, sin que ninguno sepa de la existencia ni la identidad del otro.
Hasta el monasterio lo persigue el segundo hijo del marqués, don Alfonso quien, además, ha descubierto que don Álvaro es hijo de un virrey y de una princesa india sublevados contra España para restablecer el antiguo imperio de los incas. Don Alfonso desafía al enamorado de su hermana y el duelo se efectúa lejos del convento, entre las peñas abruptas, cerca del sitio donde se oculta Leonor solitaria y penitente. Don Álvaro hiere de muerte a su enemigo y éste, moribundo, pide un confesor.
Leonor reconoce la voz de su hermano y acude en su auxilio. Don Alfonso, creyendo que ella y su enamorado viven como amantes en aquel lugar, antes de expirar mata a su hermana de una puñalada. Don Álvaro, desesperado por su impotencia ante la fuerza del destino, se arroja a un precipicio.

Maria Velasco 4ºC

CANCIÓN DE LA MUERTE (JOSÉ DE ESPRONCEDA)


Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.
Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño
aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo
de una brisa sin rumor.
Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.
Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.
En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad.
Ven y tu ardiente cabeza
entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa;
eterno regalaré;
ven y yace para siempre
en blanca cama mullida,
donde el silencio convida
al reposo y al no ser.
Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.
Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón.

Polisíndeton, Anáfora y Asíndeton por Eduard Marian Ivanoiu


Polisíndeton 
 
Oigo son de armas y de carros y de voces y timbales... 
¿no divisas un fulgor de infantes y caballos 
y polvo y humo y fulgurar de acero? 
                                 Giacomo Leopardi "A Italia"  (1798-1837) 

Anáfora
Oh noche que guiaste! 
¡oh noche amable más que el alborada!
¡oh noche que juntaste! 

 
                                  San Juan de la Cruz




Asíndeton 
Desmayarse, atreverse, estar furioso
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo
leal, traidor, cobarde y animoso.  

                                  Lope de Vega